Arcadio Gil.
Admiro hoy el empeño y el ingenio de Angel García Vidal para desarrollar el concepto de Ingeniería Humanitaria y promover su difusión y desarrollo entre los compañeros, las Escuelas y nuestro entorno inmediato, casi más que la capacidad e inteligencia emocional que demostró en Totalán en aquel enero tremendo de 2019.
Había conocido a Angel muchos años antes, por motivos de trabajo, con motivo de alguna colaboración empresarial desarrollada en su ámbito geográfico, Málaga, y en el mío profesional, los desarrollos comerciales. Y tuve oportunidad después, hace algo más de dos años, de compartir con él y con otros buenos compañeros, los proyectos colegiales e ilusiones de futuro que pusimos en pie de cara a las elecciones a Junta Rectora de Andalucía del Colegio.
Mis recuerdos de aquellos días de Julen se agolpan en la memoria, y aquellas comparecencias televisivas en tiempo real de mi amigo Angel son hoy imágenes imborrables, transmisoras de emoción y empatía con aquel “Julen es el hijo de todos” embebido en un proceso que parecía interminable, y que, a cada retraso de la perforación, parecía ir agotando las esperanzas a las que no queríamos renunciar.
Supe después, de su propia voz, cómo había sido el proceso desde el momento en que recibió la llamada de la Guardia Civil, y me maravilló su capacidad para movilizar de forma inmediata su red de contactos con compañeros en su ciudad, demostrando que no solo es nominalmente el Representante Provincial del Colegio, sino que lo ejerce con entrega y con cariño. Y allí les tuvimos a los 10 Ingenieros de Caminos ofreciendo, en unas condiciones técnicas y emocionales durísimas, lo mejor que tenía cada uno, incluyendo la pericia ingenieril de otro jabato, Jose Luis Gómez Vargas y su maquinaria de perforación.
Recuerdo con simpatía verles a todos juntos en Santo Domingo de la Calzada, meses después, recogiendo el Premio que les había entregado el Colegio por su actuación allí, y que no era más que uno más de las muchas distinciones y reconocimientos que han ido acopiando de la mano de muchas y muy significadas instituciones. Y allí conocí a Mario Muñoz Atanet, otro del grupo de los magníficos, el que me había asombrado con el emocionado poema con el que cerramos todos la negra noche que significó el final del rescate.
“Totalán dejo de ser una operación de rescate y salvamento para convertirse en una operación de ingeniería civil humanitaria” supo titular Angel una de sus posteriores declaraciones, y, desde aquel momento se ha convertido en un liderando impulsos en este sentido y ejerciendo su apostolado durante los meses siguientes en múltiples actos y eventos. De los que me gusta destacar especialmente los que ha celebrado en diferentes Escuelas de Ingenieros de Caminos repartidas por España, proyectando sobre alumnos, posgraduados y profesores este nuevo concepto. Y donde ha sabido ir desgranando los primeros elementos de esta nueva aproximación a los valores de la ingeniería civil y su servicio a la sociedad.
Estoy convencido del mucho potencial que alberga este concepto, con su doble dimensión, planificación y técnica por un lado, y altruismo y cooperación por otro. Con él podemos tener uno de los vértices en los que podremos apoyar la compleja actualización que requiere el perfil de nuestra profesión. Y que debemos saber mostrar, en primer lugar, a nuestros compañeros y nuestro entorno inmediato, y, a término, a las instituciones y al conjunto de la opinión pública.
La incorporación en el plan académico de alguna Escuela de Caminos y la introducción de sus métodos y técnicas en futuros Planes de Protección Civil, serán pasos seguros que, de la mano de Angel y de muchos convencidos, seguirá en este futuro próximo el proceso de consolidación de este concepto de Ingeniería Humanitaria. Al que entre todos, Colegio y colegiados, deberemos saber darle la indudable proyección de futuro que su desarrollo merece. Y que podrá ser de aplicación segura en las próximas emergencias colectivas de orden civil que puedan sobrevenir después del desafortunado Covid19.
Y, ahí sí, mi admiración por el empeño y el ingenio de Angel Garcia Vidal por estar sabiendo impulsarlo y llevarlo a término, supera la que pude llegar a sentir, viéndole frente a las cámaras, aquellos días y noches del malagueño Cerro de la Corona.
